jueves, 8 de octubre de 2020

SILBIDO





Cuadro de Marcela Baubeau de Secondigné

SILBIDO

El hombre bordeó con la cadera la mesada de la cocina. Eligió el paquete que abriría y el aroma de café bueno. Soltó despacio un silbido de su aire poco para espantar el silencio con un sonido de color que se huele hasta en la piel y pasa por la garganta en el primer minuto de la mañana.

Sus palabras ya quedaban cortas y los adjetivos solos. Ya no le era compañía contestarse. Las ideas claras, las pocas, se fatigaban cómo mujeres sosteniendo una red de pesca.

Su única propiedad privada era una maceta apoyada en el piso, no muy grande, para poder trasladarla él solo hasta cualquiera de sus lugares pequeños.

Nunca le puso nombre pero la paraba frente a lo que estuviera haciendo. Alguien que lo mirara cuando el espejo ya se vuelve borroso y mudo. Las hojas de tanto en tanto aleteaban con alguna ventana abierta.

El hombre bordeó la parte más finita de la cocina, esa que todos los días se achicaba un poquito y con el tranco y el pantalón empujó sin querer la maceta al piso.

Se inclinó hacia el suelo y emitió un sonido, (un respiro piadoso cómo los de hospital cuándo no es la muerte.)

Sobre la tierra esparcida una lombriz de mil cinturas surgió de la negrura fresca, bailando o nadando en sólido, pero quiso el hombre creer que eran movimientos felices.

Caminó despacio hasta la mesa de luz y sin sacar el cajón vació las cosas que tenía adentro. Lo llenó de diarios alisaditos del tamaño justo y con una taza fue juntando tierra de la maceta hasta cubrir una capa que lo dejó contento. En el último acarreo llenó su mano, la que tiembla menos, y levantó con ella la lombriz que esta vez dejó de bailar y se quedó quietita. Cuándo la encerró en el cajón emitió un silbido cancionero. Se preguntó sin tan chiquito escucharía uno igual cuándo con tierra en el bolsillo del saco lo llevara a cobrar su jubilación o de paseo.

Volvió a la cocina, trastabilló con la planta que ignoraba que moriría y sin querer con el pie le movió una de sus hojas.

Es un hombre que cada tanto tropieza con la razón que le dejó una guerra y anda por ahí, silbando.

Mercedes Sáenz


miércoles, 30 de septiembre de 2020

SIETE OJOS EN SU LUNA

 


SIETE OJOS EN SU LUNA - 


El jardín dormía el pasto blanco de frío. Especula la luz como un viejo trapo sacando lustre apenas por arriba. Hace rato las paredes de la casa hicieron silencio para las hormigas mientras crece verde entre baldosas.

Puntas de pie para mirarse los dientes y el pelo que mucha falta no hace peinarlo. Ignora al perro que atraviesa y deja nomás la puerta abierta. Sale con pantuflas de conejo más grandes que el empeine y envuelve las manos en el camisón. Los ojos algo cansados de mantenerse despierta. A los cuatro años todavía se duerme cuándo se tiene sueño pero no esta noche. 

La luna se veía y se paró sobre una silla tropezando un poco con las bocas del conejo. Corrió el pelo para atrás pintando una delicia de coqueteo sin saber. Perfil de niña mirando hacia arriba las velas prendidas tan liviana cómo las sobras huéspedes de esa noche. Ningún contorno quería escapatoria.

Los nombres modernos suenan suaves y se llamaba Abril. Pero así se llamaba.

Bajó a la silla en un sólo movimiento de pincel sin tocar el suelo. Sacó del bolsillo dos tacitas que prolongan besos del color de los corales, dos cucharas chiquititas y en un plato puso dos pancitos de su marca preferida. Los tapó con las manos escondiendo su timidez última

- No los hice yo Luna. ¿Cómo está tu ojo? ¿Te creció un poquito? ¿Cuánto falta? ¿Duele que te crezca un ojo?

La luna mira. 

- En el cole nos dijeron que ahí no hay viento. No importa si no tenés pestañas. Pero no me creen que te vi crecer los ojos. Ya conté siete ¿todos miran para este lado? ¿Por qué hace rato que tenés uno suelto? ¿No usas de a dos para ver cómo nosotros?

La luna mira.

Un grito envasado por este siglo de la psicología se oyó desde adentro.

- Estoy tomando el té, mamá. A esta hora ella toma el té y le está creciendo un ojo! No tengo frío! Ya entro. Vos cuándo estás tomando el té no te levantas por nada. Ya entro.

Bajó de la silla obedeciendo a los conejos. 

- Te dejo el té y te miro por la ventana luna. No lluevas hasta mañana. ¿La noche que no te vi, no te habrán sacado uno? Y se fue para adentro.

Y la luna mira lo que ve en los contornos de una sola escapatoria. 


Mercedes Sáenz


jueves, 24 de septiembre de 2020

DECIR DECIR

 DECIR DECIR




Era la boca de los olvidos, la de alguna vez besos. Era el vacío hueco que dejaba de ser sordo. Era quién hablaba con las manos y junto con los gestos deshacía palabras. Era la postergada insistencia del atropello. Era.

La última prohibición golpeaba y las últimas leguas se hacían vuelo. Era quién debía decir.

Caminó hacia la esquina de las dudas, el único lugar en que empezaba el silencio. Decir, decir, le golpeaba el pecho.

Preguntó en que banco del colegio se sentaba. Era lo mismo después de llegar afuera del patio liso cruzado por baldosas. Tan inmenso el espacio que protege, tan diminuto dónde sostener los pies.

Con la tarde viniéndose encima jugó con el llavero del apuro en las manos sin abrir. Decir, decir.

El salió con la camisa fuera del cinturón sosteniendo el pelo de la frente como si estuviera largo, los cordones sueltos y algo que jugaba con su boca.

Ese sol hacía más larga la figura de crecer y la adolescencia no terminaba en sus piernas largas continuando hasta el balanceo de la cintura. Los ojos de más alto se concentran, apresuran un salir de clases que esa edad no espera si es la madre que perturba.

Le vio los ojos con la pintura algo corrida por el llanto.

-Mamá. – Y le extendió los ojos.

-Quería decirte…

-No hablamos de la separación hoy con el psicólogo y papá. Hablamos de mí. Ya sé que te adopté a los tres días.

Decir, decir. Las llaves se cayeron en el suelo. Y un solo abrazo que a esa edad perturba.

Mercedes Sáenz

jueves, 17 de septiembre de 2020

DESCONOCER

 DESCONOCER



DESCONOCER


Estoy aquí, invocando a los dioses que aún permanecen debajo de la tierra, imaginando un azul maya, más profundo que los mayas todavía.

Por unos días los poetas de mis amores han quedado en los costados oscuros de mi cama,

Un leve movimiento diario, caricia imperceptible de la punta de los dedos en los libros… están allí, siempre, dónde nos abandonamos.

Se han detenido mis guerras, los amores no pueden hablarse, Kayyam ha vuelto a su siglo, los latinos hablan otros idiomas, un efímero soplido intenta volarme parada en la curva de un junco más liviana que una libélula.

Es una defensa contra el dolor dice Biön y dibuja mi arquetipo invocando imágenes de la infancia … una conducta de orden

silenciosa que no siempre se advierte.

El sentido de la palabra de Heráclito, verdad, ser, realidad.

En el medio del silencio de un libro que no puedo soltar y del que no entiendo nada, desmenuzo a Jung y con el aliento tibio de Freud desde su contratapa.

Estoy aquí, como un pan de avena olvidado en la mesada, oscureciendo de a poco, precipitándose a toda esa geografía molecular que ni siquiera conozco.

Estoy aquí, prisionera de la avidez de saber, saber… sin entender.

Estoy aquí, dónde danzan los átomos detrás de la negrura de lo que ignoro, estoy aquí, parcela de mí o toda.

Aprendiendo a desconocer. Pero la palabra de tantos autores me hace feliz, aunque igual desconozco.



Mercedes Sáenz

jueves, 10 de septiembre de 2020

AMORES DESTEMPLADOS

 


AMORES DESTEMPLADOS



Eran los tiempos

en que yo no era otra cosa

que respirar amores.

una toga me llegaba al cuello

y yo no era, sólo no era,

y un día la oí caer

cómo un pequeño acordeón muerto

sin ruido,

Sonido de una pequeña sombra

de hierro transparente, derretido.

unida en frío que cerró mis pies.


(nadie invisible detrás de mi,

los objetos no salen a mirarme).


No hay último gesto, ni beso en el aire

(soplido de niño), ni ofrenda



Rotan oscuros, segmentados

en la memoria de la noche,

huyendo con el apuro

del animal que lejos

mutará su piel


¿Han olvidado mi nombre?

Tal vez nunca les dije quién soy.

O no supe saberlos

y se desnudan de mí.


Hace frío.


sábado, 22 de agosto de 2020

HUÉSPED QUE NO AVISA

 


PÉRE BESSO




No quisiera presentar en este pequeño lugar a Pére Besso cómo el famoso filólogo nacido en Valencia, ni sus importantísimas cátedras, ni sus frondrosísima producción literaria ni el tremendo valor de su poesía.

Datos todos ellos que Artesanias Argentinas tan claramente dejó expuestos. He leído tantos buenos poemas de su autoría, tantas traducciones al catalán de autores que merecen

más que mi respeto y mi cariño que ésta mañana me ha sorprendido. No creía posible que su tiempo y su generosidad pudieran hacerlo sobrevolar lo que escribo, eso que les llamo poemas acostados porque todavía mis escritos no se levantan muchos centímetros del suelo.

Pues a este poema que hoy les presentó, en dónde su traducción al catalán fue una absoluta sorpresa para mí, hace que al menos mi corazón y mi alma junto con el poema se sientan volando muy alto de placer y de agradecimiento. Cuándo le escribí para decirle gracias contestó: ¿el poema no era tuyo y se llamaba “huésped que no avisa”? Muchas gracias, Pére. Suena bellísimo.

HOSTE QUE NO AVISA

Llostrejaràs de nou,

sense cap paraula.

transparent

com una llàmina d’aire que pot peglar-se.

com un absurd inútil sense forma.

Impietosa cap a mi

em mires

amb un versicle en un ull

que la meua fe desconeix.

i et mire, tristesa,

com un cartró mullat,

una muntanya invisible

que no modifica

cap escena.

És un prec tal volta

que giravoltes la cadira,

ja sóc testimoni de mi

inventant nom a les fissures.

Ell m’ha perdut

però en cada trencadura

ell resta,

on els ossos cremen

perquè ha mossegat el dolor

tot allò moll

sense detindre’s, sense distingir.

Si no te’n vas, almenys no em mires,

aqueixa cadira és meua.

HUÉSPED QUE NO AVISA

Amanecerás de nuevo,sin ninguna palabra.transparente cómo una lámina de aire que puede doblarse.cómo un absurdo inútil sin forma.Impiadosa hacia mí me miras con un versículo en un ojo que mi fe desconoce y te miro, tristeza,cómo un mojado cartón,una montaña invisibleque no modifica ninguna escena.Es un ruego tal vezque des vuelta la silla,ya soy testigo de mí inventando nombre a las fisuras. Él me ha perdido pero en cada quebradura él sigue ahí,dónde los huesos queman porque ha mordido el dolor todo lo blando sin detenerse, sin distinguir.Si no te vas, no me mires al menos,la silla esa es mía.

Mercedes Sáenz


viernes, 21 de agosto de 2020

SENTATE FRENTE A MI

         SENTATE FRENTE A MÍ


          

Vos en tu mejor silla,  los pies mecedores te hamacaban como a alguna vez un bebé.       

Las manos cruzadas arriba de tus muslos sostenían una plegaria muda a tu dios personal

Conversábamos así, sentada yo en el suelo con tus manos hermanadas en las mías, juntas y sin apretarse, como un lazo que traducía las cosas incomprensibles del mundo después de hablar durante tiempos y tiempos.

Eras mi padre, uno, con el que ni siquiera se había tenido una complicidad siempre inalterable y sagrada.

Eras mi amigo, uno mucho más grande de quién aprendí la verdad por sobre todas las cosas y sé que en mí tenías puesta la confianza humana que se puede conocer.

Yo escondía la admiración que te tengo detrás de tus años y muchas veces callé cosas para no lastimarte.

Hoy me pediste que acercara mi oído a tu boca, rozaste con un beso leve mi mejilla y tan lento cómo pudiste me preguntaste si alguna vez vos me habías traicionado y la sangre que nos recorre en esos momentos, suele quedarse quieta.

Desde el suelo, te miré mucho más allá de los ojos y te dije que sí.

Bajaste los párpados sin soltar mis manos y yo sabía que aunque me quedara viva nunca más ibas a abrirlos. Las manos ya no eran puentes que podían salvarnos de toda clase de abismos.

La verdad no traiciona, dijiste una vez y tus manos se deslizaron de mí. Desde el suelo intenté hamacarte un poco, es ensordecedora la quietud, (mis lágrimas no hacen ruido) y no sé quién ahora me hará saber la diferencia

Mercedes Sáenz

jueves, 20 de agosto de 2020

EVOCARTE

 EVOCARTE



Hace tanto tiempo ya que no sé de vos, que no es a mi a quién descolgadas del universo llegan tus palabras. Que leerte hoy es así, un montón de arena que se levanta de los desiertos, una inmensa nube sin viento ni tormenta, un enjambre de tus letras que ya de memoria sé y que veo caer en lenta espiral cerca o lejos de mis pies detenidos en alguna parte.

Tuve todas tus cosas y se fueron abandonando en las nuevas lunas, en otras noches de sonrisas más anchas que mis leves comisuras. No se sonríe igual cuándo se las sabe perdidas en otros ojos y en otras bocas.

Quien quiera evocar conmigo será también con el mismo amor que la admiración provoca, el cariño inalterable como el hierro de la prehistoria, con la gratitud –esa incógnita- que sabe quedarse en uno de manera incuestionable.

Sucede que por ordenar borradores viejos me di cuenta que te encontraba por todas partes, y que yo había crecido o que tus escritos cada vez más profundos ya no eran, ya no eran para mi ni en el más mínimo renglón.

La sombra lenta de tus palabras muriendo en el patio de atrás, trepando la medianera, escapándose en puntas de pie para que no pudieran lastimarme.

Evocarte es, sin los rigores de la angustia pertinaz, es saberte de todas maneras vivo.

Evocarte es, saberte cuánto te he querido. Saberte es, que mi corazón muchas veces allí se demora.


Mercedes Sáenz


viernes, 14 de agosto de 2020

CAFÈ?




¿CAFÉ?


Tiembla esta luz, dudosa y vidrio. No hay viento negro, mi cuerpo se hace niña y no dejo de mirarte. Y hacer el amor es de luces, sin ceremonias, ni azules, es suave y fuerte. Es abrazo después y es un silencio de mano sola en el pasto.
¿Estabas dónde cuándo no encontraba palabras? Y es mucho tiempo y sigues aquí y a veces las preguntas no existen y tus ojos son puerta a mares de alivio de mí.
Café. No quiero dejar de mirarte.

Mercedes Sáenz

MUERTE PEQUEÑA





En la pared del suelo
un bellísimo cielo de cenizas

la muerte pequeña

estremeció

el perdigón frío fuera del ojo tinto

herido se ve la piel

se ve la terquedad de la muerte pálida

una piedad es mía

y también la otra

rabia.

Mercedes Sáenz

martes, 29 de mayo de 2012

UN DÍA NO FUE NADIE DE LAURA ELIZALDE

               
                                        FELICITACIONES LAURA ELIZALDE


 UN DÍA NO FUE NADIE 

 Fragmentos / mnemosiné/ DE LAURA ELIZALDE Un día fue nadie Posted on 29 mayo, 2012 Un microrelato mio que salió seleccionado de los 1048 que se presentaron entre los 200 que se publicarán en una antología en papel en España, El certamén se llamaba ON THE ROAD, y era un microrelato de 160 palabras http://www.artgerust.com/blog/los-200-on-the-road#more-1716





 El hombre abrió los ojos con cierta codicia. Se enfundó en un gastado pantalón y una camisa. Tomó el recorte de diario de la mesa y salió. Apretó el fragmento de diario. El tren comenzó a andar.¿ El hombre o dios? Buscaban al segundo actor para una pieza de teatro que sería un dialogo entre el Hombre y Dios. ¿Cuál será el segundo actor? masculló. Descendió en la estación siguiente. El acero del puente rechinó bajo sus botas. Sintió deseos de fumar. A mitad del recorrido su mano tiesa contra el trozo de diario, se distendió. Olvidó su deseo de fumar. Miró hacia atrás, como un gato, perdió la medida del tiempo. Cuando entró al pequeño teatro un actor lo miró azorado y gritó furiosamente: ¡Impostor! Ni siquiera lo oyó. Subió al escenario, se dio cuenta que estaba en el centro de algo que era el mismo. Cuando la luz del escenario lo cubrió, alcanzó la completa indiferencia, fue Dios.


LAURA ELIZALDE

martes, 20 de diciembre de 2011

PAPEL PICADO DE PALABRAS

Es sin fotos pues quiero dejar palabras. Todo lo más bueno es lo que quiero pedir para todos y para mí también. Todo lo que se deba ser y hacer, hacerlo con la bondad. Para los que crean en Navidad, una más muy feliz y el mejor año que se pueda tener. Para los que quiero, más cariño, para los que respeto, más respeto y para otros me gustaría también llegar por esos mismos caminos. Mercedes Sáenz

miércoles, 2 de noviembre de 2011

LA PATRIA EQUIVOCADA

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4461-2011-10-30.html

Hombres de a caballo


La patria equivocada es uno de los mejores libros de Dalmiro Sáenz y uno de los más injustamente olvidados. Por eso fue una sorpresa cuando se anunció que Carlos Galletini pensaba adaptarla al cine y estrenarla para el Bicentenario. Los problemas familiares de su protagonista, Juana Viale, postergaron el estreno hasta el lunes pasado. Radar asistió junto a Dalmiro Sáenz y charló con él sobre por qué el film no lo traicionó tanto como hubiera deseado. Por Juan Pablo BertazzaEl lunes pasado, poco antes de que comenzara la avant première de La patria equivocada en el reconstruido cine de Recoleta, permanecía parado en la calle Vicente López un hombre mayor, jovial y sonriente, muy alejado del hall del Village, a resguardo de todos los flashes.Estaba previsto que esta película, cuyo guión fue premiado por el concurso del Incaa, formara parte de los festejos por el Bicentenario de la patria, pero algunos retrasos y, luego, las incontrolables consecuencias de la vida personal de Juanita Viale, su excluyente protagonista, hicieron que el film llegara algo retrasado y recién ahora a los cines. Se trata, claro, de la versión cinematográfica de una de las novelas más interesantes de un autor tan prolífico como sorprendente, La patria equivocada (1991), una de las obras en las que Dalmiro Sáenz indagó en vida y obra de caudillos y luchadores históricos argentinos, algunos de los cuales no tienen nombre propio; un trabajo que continuaría, especialmente, con Malón blanco (1995) y Mis olvidos o lo que no dijo el general Paz en sus memorias (1998).Es así que La patria equivocada de Carlos Galletini llegó tarde a la fiesta bicentenaria, pero justo a tiempo para el vigésimo aniversario de esta excelente novela histórica.No es que la película sea exactamente floja; se trata más bien de una versión corriente y correcta, acaso demasiado fiel al libro. Sobre todo teniendo en cuenta el mismísimo comienzo del libro, donde queda totalmente explícita su temática principal, pero también su espíritu: “Al arte y a la historia sólo se entra por la puerta de la traición; los personajes de este libro llevan un sello común, la necesidad de traicionar, la imposibilidad de aceptar el mandato de los otros, incluso el de su autor”. Si hay un mandato que la película no cumple, es el de la traición.Es así que, a lo largo de sus páginas, La patria equivocada da cuenta de una serie de personajes que “galoparon gran parte de la historia argentina”, muñidos de traiciones, plagados de coraje. Noventa años de historia de nuestro país, desde 1807 hasta 1898, años durante los cuales se dieron acontecimientos históricos fundamentales como las Invasiones Inglesas y la resistencia, la Guerra del Paraguay y la llamada Conquista del Desierto. Dado ese contexto, los protagonistas rutilantes son Clarita, su hijo Clorindo y su nieta Clara, tres personajes unidos no sólo por los lazos de sangre sino también por una profunda necesidad de justicia que se termina llevando a cabo por mano propia a partir de Clarita, un acto que tal vez prefigura el notable desenlace de El secreto de sus ojos, otro libro que terminó convertido en película.Pero en torno de estos personajes se van alternando otras historias por demás atractivas, como la de un maestro rural que apenas llega a la quebrada de Humahuaca se enamora justamente de Clarita, quien lo seduce a cambio de su educación para poder perpetrar su venganza y luego lo abandona. A lo largo de todo el libro, las intervenciones de Dalmiro Sáenz nos muestran ese núcleo indistinguible que conforma la buena literatura, a partir de oposiciones profundas y totales, por ejemplo, entre los hombres de a pie (los humillados, hombres que aceptan sin protestar su rol) y los hombres de a caballo (los que miran al mundo desde las alturas, hombres que no hacen lo que les piden).Más allá de su valorable fotografía y algunas actuaciones muy destacadas (sobre todo la de Adrián Navarro), la belleza de Juanita Viale –quien encarna tanto a Clarita como a Clara, y que había sorprendido gratamente en Las viudas de los jueves– no resulta suficiente para terminar de moldear la personalidad de la película de Carlos Galletini.“Creo que puedo opinar porque mi literatura tiene mucho que ver con las imágenes y pienso mucho en el cine. En general no me gustó la película, aunque rescato la fotografía y la actuación de Juana Viale, pero me pareció un poco pesada teniendo en cuenta que el libro, uno de los que más quiero, tiene mucho ritmo y hasta podría decirse que es divertido”, contesta Dalmiro Sáenz, a quien, en general, no le gustaron casi ninguna de las adaptaciones de sus novelas y relatos, a excepción de Nadie oyó gritar a Cecilio Fuentes, de Fernando Siro, ganadora de la Concha de Plata en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y basada en El pecado necesario. Pero, más allá de los gustos, resulta llamativo que no es ésta la primera vez que el destino de Dalmiro Sáenz se cruza con la familia de Juana Viale. Todo empezó cuando realizó los diálogos para Kuma–Ching, una extraña película dirigida por Daniel Tinayre y protagonizada por Sandrini, cuyo rodaje esconde una anécdota imperdible: “A Tinayre lo conocí en la casa de Mirtha Legrand, era un hombre tan insoportable como caballero. Esa noche estuvo bastante antipático conmigo y me ofendí. Me acuerdo de que había dejado mi moto en el jardín de Mirtha y cuando enfilaba para irme, pasó algo increíble. Tinayre fue a buscar el auto y me empezó a seguir por todo el barrio hasta que se instaló y se me puso en el medio de una calle muy angosta, acorralándome con el auto para que no pudiera salir: todo eso hizo para pedirme disculpas. Para mí fue muy raro que un tipo tan soberbio me pidiera disculpas de semejante manera”, cuenta todavía sorprendido Dalmiro Sáenz, el hombre que se encontraba en el cine.Acaso una de las mejores ventajas que tiene para ofrecer la película La patria equivocada es rescatar una de esas grandes novelas de la literatura argentina que, tal vez, no muchos tengan presente. Y eso no significa para nada una falta de méritos, ya que, como dice la misma novela en uno de sus altísimos momentos, “las banderas pertenecen menos a las ideas que las enarbolan que a los brazos que las defienden”.

sábado, 27 de agosto de 2011

ESTRELLA DE AZÚCAR

PUBLICO ESTO QUE FUE ESCRITO HACE UN TIEMPO. UN HOMBRE, EXTRAÑO PARA MI, HIZO UNA INTERPRETACIÓN DE ESTE TEXTO SORPRENDENTE. ME HA PEDIDO QUE LO PUBLIQUE DE NUEVO Y AQUÍ LO DEJO.
TAL VEZ ME PERMITA EN UNOS DÍAS PUBLICAR TAMBIÉN SUS DICHOS.
EN TANTO, MUCHAS GRACIAS.




Era de noche ya y la hora del cansancio de las manos. Terminaba su rutina, sacudía de los guantes de goma las últimas gotas para colgarlos a secar.
El delantal apretaba flojo en la cintura pero así quedaba hasta la hora de irse a la cama.
Una viudez no de esa noche ni la mitad de la noche que fue, ni de la que viene, -un auto sin querer se ocupó de su marido viniendo de frente- la habían encerrado casi sus treinta y nueve años en la cocina.
Era común antes, en la siesta de Venancio, caminar descalza hasta la sombra del caldén y tomar juntos unos mates sin decir una palabra. Con ese mismo silencio, siempre el mismo silencio, él se levantaba y echaba su cuerpo bajo la propia sombra o en otra parte
Varias veces le había pedido que después de la noche la acompañara a compartir un café. Las dos tacitas blancas en la mesa, una carpetita de hilo fino, bordada por su madre hace años ya, una azucarera que brillaba cómo si nunca hubiera conocido otro color.
Ya dormían las cosas del otro lado, ni siquiera la canilla bocaneaba blandos monosílabos.
- Un café Venanzio, vos sólo mirame. Yo me cruzo de piernas y me levanto el pelo, hasta tengo un peine en el bolsillo. Quiero hablar cómo esas de televisión, que no toman mate, que juegan con la cucharita dos horas con la tacita en las faldas. Pero yo a vos te doy café en serio y te cuento mientras lo que dice la radio del clima igualito que va a haber mañana.
Hasta la noche de afuera la dejó sola.
- Otra vez no han podido llegar, los caminos se han puesto feos de nuevo-dijo y levantó la azucarera hasta la altura de los ojos, con un movimiento redondo la estrelló contra el piso mientras con los pies descalzos, sin escoba, barría los pedacitos de color blanco que lastimaban cómo el colmillo de un lobo luna.
Afuera la canilla bocaneaba llantos.

Mercedes Sáenz

lunes, 8 de agosto de 2011




CARTA ABIERTA AL SILENCIO


´

Que silencia el silencio de aquel otro silencio desde
desde el día que al día convertiste en noche (DS)


Existe un idioma universal en el mundo, abarcando generaciones y siglos, cruzando paralelos y meridianos, incluyendo sin distinción a los hombres y a todos los que de una u otra manera estamos en el mundo. Todos sin excepción en invisibles infnitos de la propia existencia individual estamos en silencio.
He leído algunos libros que se ocupan de detallar el silencio voluntario, el premeditado, el silencio obligado a golpes, el que hace guardia junto a una cama cuándo los virus en otro cuerpo también están en silencio.
El de los cobardes, el de las tumbas que contestan en nuestras cabezas los que queremos oír cómo si pudieran hablarnos.
El maravilloso silencio del sueño. El silencio que escuchamos cuándo leemos un libro.
Son tantos los colores del silencio.
El del escondite, el del exilio. El del desamparo. El de la respuesta qué no sabe que decir. El de la gratitud si es montaña.
El de la sentencia cuándo la injusticia no acepta réplica.
Para algunos el silencio largo cuándo Dios no contesta.
Pero el más difícil de describir es el silencio sin explicación de un amigo. El tiempo pasa y cuánto más larga se hace la espera más se olvida el silencio cómplice, el de miradas de un mundo, el cuerpo a tierra mirando los cielos. El silencio se convierte en asesino de los recuerdos.
Uno empieza a ser silencio, ese, que es capaz de decirlo todo, aunque el otro no esté para percibirlo y entonces uno, enmudece.
Y el silencio todo lo habita cómo una luz de un propio universo.
Esta carta termina en silencio amigo mío de alguna vez. Tu silencio empieza a llegar y te hace persona difusa, confundible y callada.
Levanto mi copa sin el menor ruido, en dónde estés, sonríe, gesto que aún puedo imaginar sin que nos sorprenda ningún sonido.

Mercedes Sáenz

jueves, 7 de julio de 2011

SILBIDO

SILBIDO


El hombre bordeó con la cadera la mesada de la cocina. Eligió el paquete que abriría y el aroma de café bueno. Soltó despacio un silbido de su aire poco para espantar el silencio con un sonido de color que se huele hasta en la piel y pasa por la garganta en el primer minuto de la mañana.
Sus palabras ya quedaban cortas y los adjetivos solos. Ya no le era compañía contestarse. Las ideas claras, las pocas, se fatigaban cómo mujeres sosteniendo una red de pesca.
Su única propiedad privada era una maceta apoyada en el piso, no muy grande, para poder trasladarla él solo hasta cualquiera de sus lugares pequeños.
Nunca le puso nombre pero la paraba frente a lo que estuviera haciendo. Alguien que lo mirara cuando el espejo ya se vuelve borroso y mudo. Las hojas de tanto en tanto aleteaban con alguna ventana abierta.
El hombre bordeó la parte más finita de la cocina, esa que todos los días se achicaba un poquito y con el tranco y el pantalón empujó sin querer la maceta al piso.
Se inclinó hacia el suelo y emitió un sonido, (un respiro piadoso cómo los de hospital cuándo no es la muerte.)
Sobre la tierra esparcida una lombriz de mil cinturas surgió de la negrura fresca, bailando o nadando en sólido, pero quiso el hombre creer que eran movimientos felices.
Caminó despacio hasta la mesa de luz y sin sacar el cajón vació las cosas que tenía adentro. Lo llenó de diarios alisaditos del tamaño justo y con una taza fue juntando tierra de la maceta hasta cubrir una capa que lo dejó contento. En el último acarreo llenó su mano, la que tiembla menos, y levantó con ella la lombriz que esta vez dejó de bailar y se quedó quietita. Cuándo la encerró en el cajón emitió un silbido cancionero. Se preguntó sin tan chiquito escucharía uno igual cuándo con tierra en el bolsillo del saco lo llevara a cobrar su jubilación o de paseo.
Volvió a la cocina, trastabilló con la planta que ignoraba que moriría y sin querer con el pie le movió una de sus hojas.
Es un hombre que cada tanto tropieza con la razón que le dejó una guerra y anda por ahí, silbando.
Mercedes Sáenz

lunes, 6 de junio de 2011

DECIR DECIR

Era la boca de los olvidos, la de alguna vez besos. Era el vacío hueco que dejaba de ser sordo. Era quién hablaba con las manos y junto con los gestos deshacía palabras. Era la postergada insistencia del atropello. Era.
La última prohibición golpeaba y las últimas leguas se hacían vuelo. Era quién debía decir.
Caminó hacia la esquina de las dudas, el único lugar en que empezaba el silencio. Decir, decir, le golpeaba el pecho.
Preguntó en que banco del colegio se sentaba. Era lo mismo después de llegar afuera del patio liso cruzado por baldosas. Tan inmenso el espacio que protege, tan diminuto dónde sostener los pies.
Con la tarde viniéndose encima jugó con el llavero del apuro en las manos sin abrir. Decir, decir.
El salió con la camisa fuera del cinturón sosteniendo el pelo de la frente como si estuviera largo, los cordones sueltos y algo que jugaba con su boca.
Ese sol hacía más larga la figura de crecer y la adolescencia no terminaba en sus piernas largas continuando hasta el balanceo de la cintura. Los ojos de más alto se concentran, apresuran un salir de clases que esa edad no espera si es la madre que perturba.
Le vio los ojos con la pintura algo corrida por el llanto.
-Mamá. – Y le extendió los ojos.
-Quería decirte…
-No hablamos de la separación hoy con el psicólogo y papá. Hablamos de mí. Ya sé que te adopté a los tres días.
Decir, decir. Las llaves se cayeron en el suelo. Y un solo abrazo que a esa edad perturba.
Mercedes Sáenz

miércoles, 1 de junio de 2011

LA ÚLTIMA TARDE


Se cruzó de piernas cómo suele hacerlo. Un ruido imperceptible desvió sus ojos, el cigarrillo cómo un insecto pesado voló del cenicero. Lo tomó con las brazas mirando hacia él. Ese lo apagó para siempre.
Se levantó de escribir y salió a despedir una leve tarde que se iba húmeda en pasto.
No gravitaban los colores en esos círculos que parecen jugar silbando en el cielo con un resto de luz, no decían nada.
Bueno, hoy nada.
Hoy las letras se deslizaban por el camino del desconcierto, se movían mareadas hacia algún lado para no detenerse en el humo de la pipa con las volutas que suelen hacer poemas sin que nadie les diga.
No sabía cómo, con qué argumentos sostener la última tarde que pensaba escribirle.
Que no se haga silencio por favor, es lo único que pedía mirando al cielo y al piso, frotándose las manos. Buscando algún movimiento que lo detenga un rato, más.
Lo que está debajo de la piel si no se escribe se vuelve grito.
Nunca había conocido una mujer con tanta luz blanca.
Después de haber estado cuatro años en el Uruguay volvió a la Argentina. Con otra cara y otro nombre y con esa esa mujer que en unos minutos saldría del baño vestida de blanco impecable y con una toalla en la cabeza, que sin saberlo ella le había llenado cada hueco del infierno que él había dejado en los campos de detención de los pedazos de hombres que estaban en las cuevas de la dictadura.
Años juntos con la mujer de luz fueron de amor y de lucha-típica y doméstica- en dónde hubo secretos, códigos, felices claves en los ojos incapaces de leerse desde afuera.
Nunca se animó a decírselo a la mujer de luz blanca. Parecía esos hombres que porque sí se sientan en algún banco de plaza a conversar con un anciano.

La única condición que puso para entregarse era que jamás la mujer de luz blanca supiera nada. Entonces decidió no escribirle.
Golpeó la puerta del baño y ella se asomó con una bata impecable y otra toalla blanca también en la cabeza que asomó por la puerta a medio abrir.
- ¿Que? dijo suavemente-
- Sacate la toalla del pelo.
-¿Por?
- Me gusta verte el pelo mojado.
-Ya salgo.
- No, un segundo, ahora, estaba por escribir algo y antes quería verte el pelo.
-Bueno, sonrió y un pelo enredado y húmedo largó sonrió con ella.
- No te apures, ya tengo la imagen que quiero. Ella cerró la puerta con una risa franca que apenas se oyó.
Se dirigió a la la salida, sintió su trasero húmedo junto a una escuálida sensación de emociones. Ofrenda de consuelo tal vez.
Afuera en un auto lo esperaban tres sobrevivientes de algún pozo negro, de esos en dónde él mismo había cortado la muerte en pedacitos, en dónde más de una vez le pidieron al menos un minuto de respiro antes de que expirar sea la última palabra. La justicia esta vez iba a ser decidida por los que no la tuvieron.
El auto arrancó despacio y silencioso y ya ni siquiera pudo apoyar la cara contra el vidrio, el golpazo aplastó su nariz contra un plástico que empezaba a entibiarse por las primeras gotas de sangre.
Cuándo ella saliera del baño terminaría la última tarde. Nunca sabría la mujer de luz blanca que se entregó a la gente que él tuvo en cautiverio , mientras el pelo empezaba a humedecerse desapareciendo lo último que los ojos le escribieron, inocentemente se sentó al sol que empezó a secarlo en silencio.
MERCEDES SÁENZ

viernes, 13 de mayo de 2011

TRATO SOSTENIDO

TRATO SOSTENIDO



Estuvieron hasta la noche afirmando todos ser tierra… y navegaron hacia el Sudeste hasta conocer que lo que decían tierra no lo era SINO CIELO.
Del diario de Cristóbal Colón


Es una de esas madrugadas en que ella no viene a escribir conmigo. Estoy mucho más tranquila.
Me encanta escribir sola. (Ella tiene esa cara de lavandina o de objeto limpio sin imperfecciones que tanto me molesta.)
- ¿Corregiste lo de ayer?
- No
- ¿Y para qué me llamaste?
- Yo no te llamo, como un fantasma de mi vos venís sin anunciarte, tu único aviso es el timbre que oigo en mi cabeza y te abro la puerta y entras como si hubieras dormido aquí.
- Dame lo de ayer, la parte en la que estabas en Retiro sentada en la escalera.
- Esa no la quiero corregir hoy, estoy escribiendo otra cosa.
- ¿Qué estás escribiendo?
- Sobre la muerte de un amigo, amiga, qué se yo, sobre alguien que se quiso mucho o te quiso mucho. Que fácil te es confundirme.
Ya no me contestó y se puso a trabajar.
Todo de nuevo.
Afuera el sol hacía luz en una mañana perezosa, sin apuro. Delineando las formas con absoluta claridad ostentando que con eso bastaba. Dirigió los ojos hacia el suelo y vio nítida la sombra de una de las puntas del techo. Y la vio pasar en pleno día -peligroso verlas de día- con la elegancia de un gato. Pasos cortitos, la cabeza contra las tejas en el perfil que a pesar de ser sabido no se distinguía. No le vio la largura de su cola, el vuelo de una paloma alborotada se llevó sus ojos hacia lo más alto de un árbol.
Voy a repasar - dijo- eso de un gato sobre un tejado de cinc caliente. No es lo mismo una rata sobre las tejas, vista desde su sombra..


Hay una orilla del mar dónde ella tira las palabras y yo espero. Sé que vuelven otra vez las que más amé.
Yo no quiero este trato. Ella corrige y yo escribo. Por eso no la quiero ni lo quiero.

Mercedes Sáenz

jueves, 12 de mayo de 2011

ELLA NO DICE

ELLA NO DICE




que en alguna parte
su cuerpo era
aire tibio



una fruta que rodaba
hasta los pies
sin que nadie la buscara
y podía ser blanda
hasta el carozo

no hacerse piedra.




No le digas
que eligió decir palabras

ya no es libre
ya no es aire

ni manzana.

Mercedes Sáenz

martes, 19 de abril de 2011

22 de abril DÍA INTERNACIONAL DE LA MADRE TIERRA


Le canto desde América a tanto rincón que duele




América es
un cóndor de alas desplegadas,
(yo soy manzana)
haber nacido aquí
es sólo un humano simulacro
por desobedecer
una vez al cielo.
alguien me puso aquí
al descuido de Dios,
en América pura y
no puedo caminar
descalza al menos
sobre otra tierra.
no entiendo amar de otra manera
cuándo un cóndor puede
suavemente,
pararse sobre una manzana.

tierra te pronuncio

y me envuelve esa
complicidad que nos tenía.

Mercedes Sáenz

viernes, 15 de abril de 2011

MIEDO

MIEDO




Frente al puente colgante, un niño arrodillado pidiendo con su rezo.
Las sogas empezaron a correrle por los ojos, tocan el hombro, mueven su cabeza. Las piernas, pie de álamos desnudos contra la tierra por dónde una vez, tan altivos, anduvieron los caballos pisando en dónde ahora, no se levanta alguien hincado.
El puente arriba del río hondo, turbulento silencioso abajo.
Cerrar los ojos por no fiar. Tocar con el dedo la boca que se abría de frío para repetir la memoria que tenía en otro lado de una cruz.
Las canastas que lleva tejidas con carrizos, como gaviones contra el agua, no atajan avergonzarse de ser miedo niño. Los pantalones pasan el muslo y esa forma de camisa que tapa su pecho flaco lleno de moretones. Un silbido se arremolina perverso para rodar un poco por encima de su sombrero y no hacer ruido al pisar las hojas. Ese viento destemplado le acaricia la cabeza.
Aflojó la bolsa de grasa que tenía en la cintura y sus dedos la esparcieron con suavidad en la base de las canastas que tocaban el suelo. Las ató muy fuerte con una misma soga, dejándolas en fila india, no por miedo al viento.
Después de que el niño se aferrara con las dos manos y recorriera sentado todo el trayecto hasta llegar al otro lado, el puente quedó solo, sin la menor importancia.
Tuvo un poco menos del miedo del que la humanidad dispone desde toda la eternidad.


Mercedes Sáenz

miércoles, 16 de marzo de 2011

COMPARTIR





Estoy varias horas todos los días en este lugar.
Puedo escribir un poco pero mucho más es lo que puedo leer. A los que leo no necesito corregirlos ni darle palos como a mis escritos tibios. Los disfruto, los aprendo, los comparto.
Gracias quiero decirles por todos los mails afectuosos que me siguen llegando.
Hasta muy pronto y un abrazo más que redondo y gigante
Mercedes

miércoles, 2 de marzo de 2011

A PEDIDO DE AMELIA ARELLANO

Tomado del blog de Dario Falconi
www.dariofalconi.blogspot.com
a quién agradezco nuevamente.

Árbol equivocado
Mercedes Sáenz



me oculto
de un hambre harapiento de palabras,
la derrota que no entiendo
de no sé qué guerras.

invisible, invisible
el árbol de Diana me hace sombra
(tanta transparencia).

me alejo de mi propio sudario
(un hueco oscuro de pasillos)

no hay sombras,
no hay palabras.

era un almendro, creo,
uno que me miraba carey y en un solo tal vez
algo sombrío.

(en el árbol no hay hipocresía).



*- * - * - * - * - *





Sin sed
Mercedes Sáenz

un soplido leve
dibuja el oído
en el segundo largo de la noche.
parece
sólo parece
que algo se oyera
y no hay nombre
que rompa
como en el cine
el falso vidrio
de azúcar.

estabas casi siempre ahí
invisible
sin adjetivos
desnudo
y sin piel
asomado a mí
con una pipa
jugando
sobre tu boca.

ahora
no hay sed
ni voracidad

en tu nombre.

te volviste tiempo.



*- * - * - * - * - *

domingo, 20 de febrero de 2011

¡MUCHAS GRACIAS!

Por los poemas publicados en ese prestigioso diario

www.eldiariocba.com.ar › Portada › El Diario Cultura

Un fuerte abrazo

Mercedes Sáenz

miércoles, 16 de febrero de 2011

ALGÚN ÚLTIMO POEMA


ALGÚN ÚLTIMO POEMA






He buscado una luna
sobre la negra noche
que parezca pálido cristal
cómo tu última mirada.
miré otra vez tus letras
algo cansadas
no queriendo
deslizarse hacia la izquierda.
con palabras ásperas
que se rompen en mi mano
con solo tocarlas
y después las suelto,
Papel picado ya,
como mariposas muertas.
He buscado la noche
al filo de esa luz que tiembla
color ceniza, casi amarillo muerto.
El árbol más grande
tenía tantos brazos
y mi frente ahí
un pichón sin alas.

He buscado esta noche
como una gorra negra
para taparme los ojos
y decirte adiós
amigo mío,
y no encuentro palabras
¿que clase de amigo has sido
que te has convertido en
nada?

Mercedes Sáenz

domingo, 30 de enero de 2011

LA PALABRA



LA PALABRA

Sólo una línea, la que sin querer derramó el cántaro de agua.
La pisada de aquél del que nada sé.
En la tierra la marca de una túnica que se arrastra al caminar
El instante en que el hombre afinaba los ojos para retener los rojos de la tarde.
El por qué de los llantos callados al volver de la guerra.
La música del viento y de los cuerpos estirando las sombras alrededor del fuego y la alegría no tenía abecedario.
La mano sin decir.
El pan que se lleva el hambre y de la manta que además de sombra tapa el frío. ´
Todo alrededor es instante y palabra y en esa pequeñez escribo.
Útil mortalidad la mía que me hace débil por no poder atrapar el instante.
Todo lo dicho por mí es tan pobre porque no me atrevo al olvido de escribir y entonces todo lo convierto en palabras.


Mercedes Sáenz

miércoles, 19 de enero de 2011

ÁRBOL EQUIVOCADO


ÁRBOL EQUIVOCADO



me oculto
de un hambre harapiento de palabras,
la derrota que no entiendo,
de no sé qué guerras.

Invisible, invisible
el árbol de Diana me hace sombra
(tanta transparencia).

me alejo de mi propio sudario
(un hueco oscuro de pasillos)


No hay sombras,
no hay palabras.

Era un almendro, creo,
uno que me miraba carey y en un solo tal vez,
algo sombrío.

(en el árbol no hay hipocresía)

Mercedes Sáenz

viernes, 14 de enero de 2011

AYER SE MURIÓ LEONOR


Muchos poemas podrían llevar tu nombre, pero acaban de desaparecer de mi memoria.
Eras la tierra oscura y fresca después de que se va la luz y brillabas sola en el medio de la infancia nuestra.
Era tu voz para nosotros un modo suave y único.
Eras la imágen misteriosa de una princesa mora de cuentos lejanos, muchas veces la única llave de mis hermanos menores.
Era tu modo siempre inteligente y llano.
Era en el tumulto de nuestras vidas tu amor callado y generoso ante el mundo nuestro.
Pucha que duele pensarte aunque se alivie tu dolor de más de un día.
Pucha que duele y no sé que decir.
Sólo nombrarte.

Merci

jueves, 6 de enero de 2011

CARTA ABIERTA AL SILENCIO


CARTA ABIERTA AL SILENCIO


´


Que silencia el silencio de aquel otro silencio desde
desde el día que al día convertiste en noche (DS)


Existe un idioma universal en el mundo, abarcando generaciones y siglos, cruzando paralelos y meridianos, incluyendo sin distinción a los hombres y a todos los que de una u otra manera estamos en el mundo. Todos sin excepción en invisibles infnitos de la propia existencia individual estamos en silencio.
He leído algunos libros que se ocupan de detallar el silencio voluntario, el premeditado, el silencio obligado a golpes, el que hace guardia junto a una cama cuándo los virus en otro cuerpo también están en silencio.
El de los cobardes, el de las tumbas que contestan en nuestras cabezas los que queremos oír cómo si pudieran hablarnos.
El maravilloso silencio del sueño. El silencio que escuchamos cuándo leemos un libro.
Son tantos los colores del silencio.
El del escondite, el del exilio. El del desamparo. El de la respuesta qué no sabe que decir. El de la gratitud si es montaña.
El de la sentencia cuándo la injusticia no acepta réplica.
Para algunos el silencio largo cuándo Dios no contesta.
Pero el más difícil de describir es el silencio sin explicación de un amigo. El tiempo pasa y cuánto más larga se hace la espera más se olvida el silencio cómplice, el de miradas de un mundo, el cuerpo a tierra mirando los cielos. El silencio se convierte en asesino de los recuerdos.
Uno empieza a ser silencio, ese, que es capaz de decirlo todo, aunque el otro no esté para percibirlo y entonces uno, enmudece.
Y el silencio todo lo habita cómo una luz de un propio universo.
Esta carta termina en silencio amigo mío de alguna vez. Tu silencio empieza a llegar y te hace persona difusa, confundible y callada.
Levanto mi copa sin el menor ruido, en dónde estés, sonríe, gesto que aún puedo imaginar sin que nos sorprenda ningún sonido.

Mercedes Sáenz

martes, 21 de diciembre de 2010

MUY BUENOS Y MUY FELICES

CREAS EN LO QUE CREAS
TE DESEO LO MEJOR PARA ESTE AÑO QUE EMPIEZA.
SI CREES EN EL TATA DIOS
QUE TE ACOMPAÑE SIEMPRE,
SI CREES EN OTRA FORMA DE DIOS QUE TU DIOS SEA EL QUE NO SE SEPARE DE VOS
EN TANTO NO TE SEPARES DE LA GENTE DEL MUNDO.
TRATEMOS DE SER CADA VEZ MÁS BUENOS
SIMPLEMENTE
CREO
ES LA MEJOR MANERA DE SER FELIZ.

UN ABRAZO MUY FUERTE
REDONDO
SIN MEDIDA.

MERCEDES

miércoles, 15 de diciembre de 2010

GANADORES DE LOS PREMIOS SUR ¡FELICITACIONES MARCELA SÁENZ!

:05 - ESPECTACULOS

¡FELICITACIONES A TODOS!

Todos los ganadores de los Premios Sur


Nómina completa de los ganadores de los Premios Sur, entregados anoche por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina.


- Película: "El hombre de al lado", de Mariano Cohn-Gastón Duprat.

- Opera prima: "Sin retorno", de Miguel Cohan.

- Documental: "Un fueguito, la historia de César Milstein", de Ana Fraile.

- Director: Mariano Cohn-Gastón Duprat ("El hombre de al lado").

- Actriz protagónica: Erica Rivas ("Por tu culpa").

- Actor protagónico: Daniel Aráoz ("El hombre de al lado").

- Actriz de reparto: Claudia Fontán ("Igualita a mí").

- Actor de reparto: Martín Slipak ("Sin retorno").

- Actriz revelación: Julieta Zylberberg ("La mirada invisible").

- Actor revelación: Daniel Araoz ("El hombre de al lado").

- Guión original: Andrés Duprat ("El hombre de al lado").

- Guión adaptado: Roberto Fontanarrosa - Rodrigo Grande ("Cuestión de principios").

- Fotografía: Félix "Chango" Monti ("El mural").

- Montaje: Marcela Sáenz ("El mural").

- Dirección de arte: Emilio Basaldúa ("El mural").

- Diseño de vestuario: Graciela Galán ("El mural").

- Maquillaje y caracterización: Beatuska Stanislaw ("El mural").

- Música original: Sergio Pángaro ("El hombre de al lado").

- Sonido: José Luis Díaz ("Igualita a mí").

- Película extranjera: "La Cinta Blanca" (Michael Haneke-Alemania).

domingo, 12 de diciembre de 2010

TRES







A queridísimas tres señoras, especialísimas.
A esta largura incoherente las queridísimas señoras me pidieron que agregara la palabra "especialísimas".
Ahi quedó pues.




AVISO





SE OFRECE TRABAJO A PERSONAS DECENTES SIN LIMITES DE EDAD. ESPECIFICAR CONDICIONES PERSONALES PARA DESARROLLAR TAREAS PRECISAS. PRESENTARSE EN EL TEATRO SANTA MARIA LOS MARTES Y LOS JUEVES DE 12 A l 5 HORAS. ANOTARSE LOS LUNES DE 14 A 15 HORAS. TRANSMITA ESTE AVISO PARA QUIENES NO SEPAN LEER.



Sentadas sobre maderas gastadas y tablones caminados por tanta gente importante que ni el barniz ni la cera podrían haberse llevado sus huellas. Las tres.
En sillas viejas, diferentes, con respaldos que dejaban los cuellos a distintas alturas, en donde la dignidad de años anteriores, cada tanto, descubrían posturas de señoritas enseñadas por sus abuelas.
El teatro había sido importante en los años ochenta. Ahora se utilizaba para quien lo pidiera si el destino era cultural, benéfico, o dejaba algún rédito.
Ellas, las tres, lo solicitaron dos veces por semana, para entrevistar gente de pocos recursos y conseguirles trabajo.
Un foco de luz que venía de alguna parte invisible del techo dejaba sombras sin delimitar contornos. Las tres, ubicaron las sillas como en un cuadro. Mezcla de tribunal de justicia, mesa examinadora, selectoras de un casting de producción muy cara. Otorgadoras selectivas del bien común. Las tres. Vestidas con sus mejores ropas, utilizando gestos amables y atinados parecían haberse olvidado de los remedios y de los geriátricos.
Ahora vivían en sus casas, la menor tenía setenta y tres años, la más grande setenta y nueve.
Las dejaban salir un rato solas y el teatro estaba a cuadra y media de sus casas, y esa distancia era muy corta comparada con los grandes jardines de los psiquiátricos, en los que caminaban muy poco tiempo antes de salir, sin acompañantes.






PRIMERA ENTREVISTA


Fue una vendedora de flores de unos veintiocho años seguramente con varios hijos, pero no lo dijo. Se presentó vestida como estaba, de remera negra y jogging gris, con el pelo despeinado y una cola que le caía sobre el hombro derecho.
La sentaron en una silla a una distancia prudencial de forma tal que el escenario no dejara de tener cierta religiosidad. Las tres damas templarias conservaban su aspecto de imponente inocencia, de serena seguridad, como las figuras de un cuadro rígido y con la posibilidad de imaginar cualquier sensación humana por una precaria luz que descendía del techo.
La mujer parecía no entender nada. Se miraron con gesto serio.
Le preguntaron su nombre y se llamaba Mirta.
-¿Está usted sana?
-¿En qué sentido? Digo, me los pregunta. El aviso decía sin requisitos.
-Bueno en el sentido de no tener ninguna enfermedad rara
-Bueno, si es rara yo que sé. Vendo flores, soy fuerte, nunca me enfermo ¿Qué tengo que hacer?
-Ya va, ya va. Sólo queremos asegurarnos de proporcionarle lo que necesita antes de empezar a trabajar.
-Miren Doñas, como faltar me falta de todo, ocúpense de darme trabajo que de lo que me haga falta me ocupo yo.
Las tres volvieron a mirarse. Una de ellas con una mano prolija detuvo una tos algo áspera que parecía escapar de su boca.
-¿Usted sabe lo que es el agua “VIRTUOSA”?
-¿Y eso con que se toma con hostia?
-M’hija, m’hija, la paciencia ante todo. Le explico, nosotros como somos damas voluntarias conseguimos un agua milagrosa. Usted lo único que tiene que juntar son las botellas de agua mineral vacías, las de medio litro ¿vio? Nosotros las llenamos y usted las vende.
La vendedora se paró dando un giro resuelto y enojado
- ¿Y para esta joda ustedes hacen todo este quilombo? Les voy a avisar a todos los que no saben leer, que ni se acerquen
Una de las tres se paró con aire solemne y ofendido.-
- Siéntese por favor.
-Señora, no me joda. Que ese cuento ya lo hicieron en mi barrio.
- Seguro que no. Usted acá no deja un peso, se lo guarda todo. Ese es el primer Milagro.
-Bueno, ¿cómo qué no traigo nada? ¿Si ustedes la dan gratis por qué yo la vendo?
¿Ustedes que ganan?
- Hacer el bien, querida.
- ¿Y si es milagrosa por qué no la regalan y no arman todo este despelote?
- Le voy a explicar de nuevo: Nuestro Señor dice “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente.” Debemos enseñarle a la gente a conseguir su propio sustento, pero como la vida está tan difícil y necesitamos que a la gente se le arreglen tantos problemas que tiene. ¡Ay Dios mío, no se puede vivir más así!
La vendedora se sonrió por dentro. La Iglesia sólo la conoce porque le d.C. de comer.
-¿La iglesia ésta, la grandota de la plaza, sabe que ustedes hacen esto?
- Por supuesto, es quien nos proporciona el material, las instrucciones, las etiquetas. Controla todo. Nosotros podemos fallar como cualquier ser humano
-Ustedes un poco más porque son más viejas
-Pero más sabias.
-¿En qué? Y arrugó los dedos en un típico gesto italiano. - ¿Y quién hace la propaganda y todas esas cosas que se hacen para hacerla conocer? Si yo digo que esa cosa es milagrosa, no me van a creer. Me van a tomar por chorra.
- Está muy equivocada. La primera que debe creer es usted. Como corresponde
- Le vamos a dar una dosis pequeña en un frasquito y usted enseguida notará los efectos.
- Déme una ahora entonce, la tomo delante de ustedes y vamos a ver que me cambia.
Las tres se pusieron de pie juntas, como si las hubiera picado un escorpión.
- Si usted cree que esto es un incordio, no vale la pena seguir hablando y agregó en seguida:-Usted cuando hizo la primera comunión, porque me imagino que la hizo. ¿La tomó a la ligera? Pues acá es lo mismo. Porque el subconsciente colectivo…
Una de la tres interrumpió:
-Amanda, dijimos que nada de explicaciones complicadas, sólo íbamos a hablar de la fe. La fe es algo sencillo entendible para todos.
- Doña, si me quiere tomar por bruta, hágalo, pero la televisión explica cualquier cosa que uno quiera saber, no hace falta la fe ni la no se qué. Lo único que necesita es un mate y estar un poco distraída, porque si se concentra demasiado no entiende una papa. Pero si escucha así como al pasar, cuando terminan, seguro que sabe de qué estaban hablando y a uno le queda solamente lo que tiene ganas. UD. habla de la fe como algo fácil, ¿vio la cantidad de palabras que usan esos pastores en el cable? No para de decir cosas y lo único que quieren es que se acerquen a esas iglesias para dejarles guita.
- Esto no es lo mismo, nosotros no le pedimos plata, usted va a pedir plata, trabajando, para sanar y aliviar a la mayor cantidad de gente posible y todo lo que debe hacer es creer.
- En ustedes no creo ni en lo que estoy viendo. No me fui porque quiero descubrir la trampa. Pensé que podía limpiar, hacer una changa. Para atriz no vine.
- ¿Usted no oyó hablar de los mellizos curados en La Matanza? ¿Ni del terremoto que no llegó al centro de San Juan hace dos semanas? ¿Y que me dice de su hijo cuando pensó que se ahogaba y en la salita se salvó? Toda esa gente toma agua VIRTUOSA. No le gusta decir que lo hacen porque la gente después no cree en sus habilidades personales, que por supuesto también la tienen. Eso si, Mitra, esta agua no sirve para rejuvenecer, eso sólo es obra de Dios y nada tiene que ver con la estética.
- Tengo 28, Doña, ¿qué quiere que me arregle?
- Pero no sabe que edad tenemos nosotras, mucho más de la que se imagina. Hemos tomado el agua, pero no en el sentido estético. La paz d.a. una luz especial y uno parece más joven.
Mitra se calló un segundo.
-¿Cómo supo lo de mi hijo la semana pasada?
- Le dije que éramos más sabias.
Se hizo otro silencio.
- No me convence, Doña, pero voy a probar esa agua. ¿No tiene alguna porquería, no?
- M`hija, por favor.
- ¿Qué tengo que hacer?
- Se lleva este frasquito, no deje que lo toque nadie y mañana en ayunas, cuando el alma está más limpia porque no ha tenido tiempo de hacer ni de pensar malas acciones, se lo toma despacito. Que cada sorbo que entra en su cuerpo sea un pedacito de Dios que la visita personalmente. Piense en todo lo bueno que quiera, primero sólo para usted, así podrá después cuando tenga pruebas transmitirlo a otros.
Mirta no se acordó de sus noches de cama ni de las puteadas nocturnas a hijos insomnes, tomó el frasquito y se fue.


DIALOGO CON UN CARTONERO


Duró apenas unos minutos. La habilidad de las repuestas fueron concretas, habilidosas, inteligentes e irónicas. Un hombre de 42 años que presentaba a su hijo de 16 para ver que otras tareas podían sumarse en la familia, mezclando un poco que vinieran de parte de la Iglesia y ese tema de la contención y de que le pongan algún límite o le llenen la cabeza con otras cosas ya que al pibe mucho no le gustaba el deporte, trabajar menos y las drogas le pegaban muy cerca, menos que la policía, pero muy cerca .Sólo les dijo:
-Poco zapato gastado señora, es imposible creerles nada, con la vida que imagino que han tenido, me equivoque o no, todo esto es casi perdonable porque son mas viejas que la escarapela, porque alguna de ustedes podría ser mi vieja y porque en realidad no sé si son esos cuentos que hace Tinelli o cualquiera de esos. Pero a mi pibe no lo van a joder. La calle está jodida, pero por lo menos estoy en ella y a mi pibe lo tengo cerca. Y eso del sudor de la frente, guárdenselo para los pelados que ganan guiíta, nosotros transpiramos los pies. Se fue caminando.
Una de las tres dijo:
-¿ Amanda, de los cartoneros tenemos que preocuparnos poco por que están bastante organizados no te parece?


DIALOGO CON UNA CHIQUITA DE UNOS ONCE AÑOS


No es el mismo día que otros, las tres son las mismas pero ya las luces se ven diferentes. Alguien cambió las sillas de lugar. Están en el mismo espacio del escenario pero quien estaba en el medio quedó a la derecha o la izquierda, según se mire de adelante o de atrás.
Juegan un poco a la Santísima Trinidad, eso de no entenderla, de estar en todas partes, de querer ser una sola. Nadie se anima a ser el Espíritu Santo.
Se sentó solita, con una manzana en la mano, bajo esa luz que todo lo hacía parecer como una buena fotografía, en vez de considerar una realidad que debería llenar la cabeza de piojos, para que desaparezcan las ideas de no considerar el mundo que nos rodea, para concientizar que el problema de la niñez ni siquiera está ya en manos de los adultos. Los chicos tratan de cambiar sus propios destinos, modificar sus mundos, atravesando historias minimizadas porque a esas edades todo parece moverse entre juegos. La resilencia, palabra difícil que poco resultado da porque los grandes jugamos al gallo ciego. Y no digo gallito porque todos somos dueños de distintos gallineros y para eso ¿hay que llamarse gallo, no?
¿Qué puede preguntarle una trilogía de esta naturaleza a una niña de once años?
Pero una de ellas se levantó, se acercó alejando sus tacos del piso, caminando en puntas de pie y llegó hasta la silla.
A la mujer grande le costó inclinarse y arrodillarse en el suelo, ante el asombro de las otras dos porque se ensuciaba la pollera y se enganchaba en los tablones cargados de cera vieja y tierra nueva, tierra disimulada, la que se junta de a poquito.
Tomó a la chiquita de la mano y la hizo sentarse con ella en el piso. Era una buena fotografía.
Por un momento algún escenógrafo lamentaría no haber conformado ese cuadro de dos estatuas mortecinas, en la que una manzana de colorado pálido encerrada en una mano, parecía la única ostentación de pecado.
- Los niños no deben trabajar, chiquita. Los adultos los tenemos que ayudar. No deberías estar acá.
Los pequeños párpados se levantaron, la mirada respondió a frases de todos los días, mezclándose en unas pupilas negras, lo que mamá y un supuesto papá habían enseñado. Tener siempre la mirada triste.
- Por mi casa trabajan todos, también voy al colegio y el papelito del árbol, ese aviso, decía sin límites de edad.
- Bueno porque es para gente grande, bueno, en realidad…ahora cuando salimos de acá, ¿ te venís conmigo a mi casa y hablamos tranquilas querés?
- Yo tengo que volver a las seis más o menos y con plata. Si voy a lo de alguien raro me cagan a palos.
La mujer se levantó como pudo, ya no en puntas de pié se acercó a su cartera, encerró en su puño, abollado contra la piel de la mano, un billete de diez pesos y se lo dio a la chiquita.
- Gracias, Doña .Y se levantó estirando perezosamente su cola de caballo y se fue. Se levantó y la dejaron irse.
Las otras dos desde sus sillas, descruzaron las piernas haciendo un poco de ruido. No estaba previsto que Amanda actuara así. El juego se rompía y la realidad que alguna vez, someramente en tiempos de mentes lúcidas, había estado rondando por sus cabezas, desaparecía con un billete arrugado de diez pesos.
- Ay, Amanda - dijo una que se llamaba Angélica- dijimos que nada de darles plata, que les íbamos a enseñar cosas, no a darles plata.
- Nos tendríamos que ir todos a la puta sociedad que nos parió.
- ¿Amanda¡ gritó Aurora.
Amanda se fue arrastrando su silla porque debían dejar todo ordenado cuando terminaban. Los tacos se clavaron en el piso, con algún resabio demostrativo de cuando sus enojos eran elegantes.
En el murmullo de las otras dos se escuchó bajito:
- Ahora la mesa la vamos a llevar nosotras dos solas, que viva.


DIALOGO ENTRE ELLAS


Se habían retirado del teatro y decidieron ir a tomar un café. El bar quedaba en frente.
Sentadas en una mesa cuadrada, se miraron las manos, algunas tenían anillos de maridos que ya no existían. Ya ni en sus memorias porque se mezclaban con amigos, con actores y a veces con personajes de la historia.
Esas mesas en donde siempre planeaban el mundo, antes de su locura, después de su incertidumbre.
- Amanda, no te parece que tenemos que repasar un poquito esto de la caridad, eso que hiciste hoy no es lo que habíamos hablado. Tenemos una misión que cumplir, ante Dios, ante la sociedad y también ante nosotras.
- Quiero hacer justicia, no caridad, con esto no hacemos más que acrecentar el desborde social que desde nuestras familias hemos visto pasar como en un noticiero, en que alguien es degollado y como no lo conocemos y no salió en sociales, oímos la siguiente noticia como si nada.
- Que absurdo contestó Angélica.
Aurora nada dijo. Apretó sus dedos en actitud de rezo, implorando que del tema no se siguiera hablando, odiaba las polémicas, las discusiones y los confrontos. Nunca entendía de qué estaban hablando y prefería no hacerlo.
- Amanda, dijo Angélica, tenemos la oportunidad de ayudar, de hacerle creer a la gente necesitada que puede estar mejor no entendés que es una cuestión de actitud, de sensación térmica, de ser positivos. Eso hay que enseñarlos, sino, pobres, ¿cómo van a salir de situaciones tan difíciles?
Aurora esta vez con el mismo gesto elevó las manos por encima de su cabeza como implorando al cielo.
Mujeres de corto o de largo alcance, iniciadoras de situaciones que no se sabe si llegan a algún lado. Sobre sus espaldas, algo redondas, no porque la vida las hubiera tratado bien, sino que a todo lo sucedido lo disfrazó de forma amable.
Esta mezcla empobrecida de querer ayudar a los pobres, esta mezcla de poder hacerlo de la única manera que saben. Esta mezcla de no tener un horizonte claro, de pedir por piedad, de predicar la piedad.
Y dos mundos paralelos surgen, porque hacer, hacen muchísimo y muchas en forma callada. Y entonces surge una pregunta que golpea como un hacha, ¿la realidad la ven mejor que otros? Los severos análisis de la situación social que piden a grito cualquier paliativo en vez de pedir prevención o curación.
Saber se sabe. Puede cambiar la mirada o mirarse para otro costado, pero en este caso es demasiado fuerte y el pecho se oprime y se aprietan los puños. No se sabe bien si porque uno quiere golpear algo, o porque nada tiene para dar.
Las tres anduvieron descalzas por jardines de asépticos psiquiátricos, bajo normas de orden y tranquilidad, en donde nada tenía que pensar porque todo les era proveído. En su vida anterior, antes de la locura, las carencias no eran materiales, los vacíos llenaban cualquier rincón que se mirara y las familias posponían muy lentamente cualquier decisión que con respecto a ellas fuera importante. Como calentar el agua un poquito más, apenas, apenas y de pronto las burbujas ya están arriba y el agua ya está hirviendo y no es posible meter el dedo, y sólo resta esperar a que se enfríe, pero ya es tarde.


DIALOGO ENTRE ELLAS, DOS

Amanda y Angélica quedaron solas, Aurora estaba por ahí, pero más bien parecía una sombra, o una luz viscosa que cambiaba de colores a medida que se trataba de ubicarla. Esta vez no armaron la mesa ni las tres sillas. Se sentaron en las butacas gastadas de la primera fila del Teatro Santa Maria, con las agendas cerradas y las piernas paralelas y prolijas, Tenían poco espacio.
Miraron el escenario como si fuera el mundo sobre el que les hubiera gustado trabajar, tan plano, tan derecho, sin obstáculos, sólo los que el hombre pone para actuar según su conveniencia.
Amanda y Angélica comentaron entre si que el efecto se había multiplicado. No sabían que había sucedido pero las curaciones, empezaron a comentarse por los barrios marginados. Algunas personas venían a buscarlas en el horario en que ellas no estaban. La Municipalidad empezó a mandar inspectores, el sacerdote de ideas innovadoras había pasado por allí. Nada presentó en la Catedral por miedo atener que tomar decisiones que no tenía muy en claro.
Se levantaron despacio, cada una con sus cosas en la mano. Llegaron a la puerta. La luz del sol tibio ya no contraía ojos cansados.
Miraron más las veredas que sus caras y apenas con tono bajito una de ellas dijo
-¿Jugamos a la canasta mañana? Las otras dos no contestaron
- Me parece, continuó con su monólogo- que es mejor volver a
tomar café en cualquier bar y discutir cuántos ravioles tiene el el plato que compartimos y empezar a criticarnos por estar cansadas de vernos todos los días-
-Yo no quiero volver al psiquiátrico, bueno a eso que ellos le dicen geriátrico.

martes, 7 de diciembre de 2010

EXPOSICIÓN

EXPOSICIÓN




Entera de ébano, generoso vestido blanco, dos gestos la cara.
Raulí hasta las manos y el hierro sostiene la nueva escultura.
El mármol no es blanco, los pies por debajo de la otra ropa.
Quebracho caliente, en otra, casi de mi media altura, con moño anudado y meses de trapos de lija y ceras.
Candel que me mira, hartos y quietos, la mano me roza.
Y más allá un cuadro, en todo un espacio, esperando algo.
Eran troncos de una sola pieza y con maestría le pusieron caras y manos.
Y los vistieron decentes, como un domingo en la plaza del pueblo
Pintadas hay dos bailarinas detrás de los vidrios.
Y su escultora camina en un pueblo de palos y ellos la miran,
Como si el trabajo duro pesara liviano.
Cuando apagan la luz, tienen miedo, se los van llevando.
Las manos son grandes, se tocan un poco.
No saben mañana si los pies enormes sirvieron de algo.
Marisa Insúa y la eternidad –ternura- del árbol y el mármol.

Mercedes Sáenz

miércoles, 24 de noviembre de 2010

A PENAS YA, APENAS UNA IDEA



MUCHAS SON LAS SOMBRAS, MUCHAS LAS IDEAS, A TODAS MIS SOMBRAS Y A TODAS MIS IDEAS, POR AL SÓLO HECHO DE HABER SIDO, LES DESEO LA MEJOR VIDA QUE PUEDAN TENER.
HASTA OTRO PRONTO.


APENAS UNA IDEA

demorarte duele,
pensarte allí, después de volver la hora,
la misma de ayer, quieta y ambigua.

otra vez el cuándo
mi tierra tiembla
y después esa meseta,
ese campo raso en dónde los pies inmóviles
quedan solos arriba del pasto
sin mi.


me hace bien pensarte
aunque no sepa qué hacer con vos.
ignorar siempre antes que todo
pero me hace estar viva,
saberme.


juega la luz y te hacés mármol
piedra y barro,
hilitos

y no aprendí a conjugarte
y vos menos un tampoco.

Mercedes Sáenz

lunes, 22 de noviembre de 2010

DESCONOCER



DESCONOCER

Estoy aquí, invocando a los dioses que aún permanecen debajo de la tierra, imaginando un azul maya, más profundo que los mayas todavía.
Por unos días los poetas de mis amores han quedado en los costados oscuros de mi cama,
Un leve movimiento diario, caricia imperceptible de la punta de los dedos en los libros… están allí, siempre, dónde nos abandonamos.
Se han detenido mis guerras, los amores no pueden hablarse, Kayyam ha vuelto a su siglo, los latinos hablan otros idiomas, un efímero soplido intenta volarme parada en la curva de un junco más liviana que una libélula.
Es una defensa contra el dolor dice Biön y dibuja mi arquetipo invocando imágenes de la infancia … una conducta de orden
silenciosa que no siempre se advierte.
El sentido de la palabra de Heráclito, verdad, ser, realidad.
En el medio del silencio de un libro que no puedo soltar y del que no entiendo nada, desmenuzo a Jung y con el aliento tibio de Freud desde su contratapa.
Estoy aquí, como un pan de avena olvidado en la mesada, oscureciendo de a poco, precipitándose a toda esa geografía molecular que ni siquiera conozco.
Estoy aquí, prisionera de la avidez de saber, saber… sin entender.
Estoy aquí, dónde danzan los átomos detrás de la negrura de lo que ignoro, estoy aquí, parcela de mí o toda.
Aprendiendo a desconocer. Pero la palabra de tantos autores me hace feliz, aunque igual desconozco.


Mercedes Sáenz